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Think 03Essay · 6 minEN · ES
¿Qué ha pasado con las redes sociales? · Part 1 of 3

La moneda era tu salud mental

Llevamos años viviendo en esa economía de la atención y la validación, y solo ahora nos damos cuenta de cuál era la moneda: nuestra salud mental.

Output · Think 03Written Septiembre de 2026v1 · not revised yetParte 1 de 3: cómo están hoy las redes sociales, contado por alguien que hizo crecer dos.
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Bienvenido a «¿Qué ha pasado con las redes sociales?», serie de tres artículos en la que vamos a hablar de ellas como ese tejido que, irónicamente, nos une a todos hoy en día. En el primero, en el que te encuentras, hablaremos de cómo están las cosas en este momento; en el segundo, de qué tendría que pasar para que las redes no nos perjudicaran, y en el tercero, por último, te contaré la historia de cómo he intentado materializar lo que te cuento en una red social con intención de ser más sana para todos.

Mi nombre es Cayetano Iváñez, actualmente dirijo el modelo de suscripción de Holafly y, entre otras cosas, he liderado el crecimiento en dos de las redes sociales más importantes que ha dado España, 21Buttons y Peoople. Hoy vengo a hablarte, con conocimiento de causa, de cómo las redes sociales han moldeado quienes somos.

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Empecemos por el principio:

El pasado agosto, Meta aceptó pagar hasta 18.000 millones de dólares para cerrar, sin haber llegado a una sentencia, la demanda de una coalición de estados de EE. UU., que la acusaba de diseñar plataformas deliberadamente adictivas para niños y adolescentes1.

No es un caso aislado: en 2025, una exdirectiva de la compañía testificó ante el Senado que Facebook era capaz de detectar cuándo una adolescente borraba un selfie —un momento de inseguridad— para servirle publicidad de belleza justo en ese momento2.

En 2017, un documento interno filtrado mostraba a la empresa, Facebook, explicando a anunciantes que podía identificar cuándo sus usuarios más jóvenes se sentían «inseguros», «inútiles» o «necesitados de confianza»3.

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Ahora alejémonos del texto jurídico. ¿Cómo se siente esto en la vida real?

  • Una chica de diecisiete años borra una story que no le convence después de subirla. Ese gesto, «borrar», la hace elegible para recibir contenido que refuerce sus inseguridades, y publicidad que le venda la solución: marcas de maquillaje, clínicas de estética.
  • Un chaval que no puede dormir y acaba haciendo scroll a las tres de la mañana. Queda seleccionado para recibir montones de contenido que refuerzan la idea de que algo no está bien en él. La solución aparece pronto: cursos que prometen convertirlo en su mejor versión, marcas de ropa que idealizan lo que debería ser y nunca será.

Amigos, basta ya.

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Estamos todos metidos en el mismo juego. Quienes no han nacido con esto se lo encontraron justo cuando les tocaba convertirse en adultos. Quienes ya eran adultos han encontrado una herramienta perfecta para justificar su aletargamiento mental.

Miro a mi alrededor, miro hacia dentro, miro lejos, y veo lo mismo: vivimos en un estado de comparación constante4. Aspiramos a lo que vemos, y lo que vemos es lo que los creadores de contenido proyectan de cómo quieren que les veamos. Es la maldita caverna de Platón: miramos con atención las sombras proyectadas por personas que necesitan que las validemos.

Por no hablar del contenido generado por IA. Ya no solo te proyecto lo que me gustaría que fuera real: ahora aspiras a alguien que ni siquiera existe. En España lo tenemos en casa: Aitana López, una influencer con cientos de miles de seguidores y contratos de publicidad, creada píxel a píxel por una agencia de Barcelona5. Ni Platón lo habría imaginado.

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Hace más de cincuenta años, un economista lo dejó escrito: cuando la información abunda, lo que escasea es la atención6. Llevamos años viviendo en esa economía de la atención y la validación, y solo ahora nos damos cuenta de cuál era la moneda: nuestra salud mental.

La propia investigación interna de Instagram, filtrada en 2021, lo decía sin rodeos: «empeoramos los problemas de imagen corporal de una de cada tres chicas adolescentes»7.

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Entiéndeme: Instagram, conceptualmente, no está mal. Capturar las imágenes de tu vida y construir una especie de álbum de lo que vas viviendo me parece maravilloso. A mí me encanta tratar mi perfil como eso: un álbum para mi yo del futuro.

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Pero pasa algo. Llevamos tanto tiempo en esta dinámica que el cerebro ha empezado a interpretar señales digitales como si fueran el mundo real.

Antes de pulsar «publicar», tu cabeza ya ha ensayado decenas de escenarios sobre lo que pasará después.

Una vez publicas, entras en un estado de alerta: los likes se procesan como aceptación social, los circuitos de recompensa de un cerebro adolescente se activan ante un like igual que ante otros premios8 y el silencio se procesa como exclusión. Y la exclusión social, por cierto, activa en el cerebro las mismas regiones que el dolor físico9. No «duele como si» te rechazaran: simplemente duele.

Cuando el ciclo se repite dos o tres veces, ya estás dentro del efecto tragaperras: un sistema de recompensa variable, el mismo mecanismo con el que se diseñan las máquinas de un casino10. Vuelves a publicar con la ansiedad del que tira de la palanca, esperando premio o, al menos, luces y colores.

AtenciónValidaciónTiempo en la appQueda menos de tise la daste lodevuelvete quedaslo pagas
Modelo 01 · El bucle para el que optimizan las apps
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La influencia de todo esto va más allá de cómo te sientes tú. Cuando una generación entera vive bajo los mismos efectos de conducta alterada, deja de ser una «alteración» y empieza a ser la nueva normalidad. A mí me consume por dentro pensar que el día que tenga hijos esa vaya a ser la suya. Porque esto no va de decir «mis hijos no tendrán redes sociales»; mis hijos acabarán teniendo lo mismo que los tuyos, queramos o no.

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Esto va de hacernos otra pregunta. Y no es retórica: hay evidencia de que la relación puede ser distinta. En un experimento de la Universidad de Pensilvania, bastó limitar el uso de redes sociales durante unas semanas para que bajaran de forma significativa la soledad y los síntomas depresivos de los participantes11.

El problema no es capturar la vida. Es el juego que nos han montado alrededor.

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¿Existe una alternativa que nos permita construir una relación más sana con lo que consumimos y con lo que creamos?

Referencias

  1. CNN Business (26 ago 2026): Meta settles landmark state child harm claims for $18 billion — cnn.com. CNBC cifra el acuerdo con California y otros estados en 16.700 millones — cnbc.com. ↩
  2. Testimonio de Sarah Wynn-Williams (exdirectora de Políticas Públicas Globales de Facebook) ante el Comité Judicial del Senado de EE. UU., abril 2025 — techcrunch.com. ↩
  3. Documento interno de Facebook Australia filtrado en 2017 (The Australian; cobertura: The Guardian, mayo 2017): la compañía ofrecía a anunciantes identificar estados emocionales de adolescentes en tiempo real. Resumen: business-humanrights.org. ↩
  4. Festinger, L. (1954): A Theory of Social Comparison Processes, Human Relations. La teoría clásica de la comparación social; las redes la industrializan. ↩
  5. Entrepreneur en Español (2023): Aitana López, la influencer de IA creada por The Clueless (Barcelona) — spanish.entrepreneur.com. ↩
  6. Simon, H. A. (1971): «…a wealth of information creates a poverty of attention», en Designing Organizations for an Information-Rich World. ↩
  7. The Facebook Files, The Wall Street Journal (2021). Investigación interna de Instagram filtrada por Frances Haugen: «We make body image issues worse for one in three teen girls». ↩
  8. Sherman, L. E. et al. (2016): The Power of the Like in Adolescence, Psychological Science. Los likes activan el núcleo accumbens (circuito de recompensa) en cerebros adolescentes. ↩
  9. Eisenberger, N., Lieberman, M. y Williams, K. (2003): Does Rejection Hurt? An fMRI Study of Social Exclusion, Science. La exclusión social activa regiones del dolor físico. ↩
  10. Schüll, N. D. (2012): Addiction by Design: Machine Gambling in Las Vegas, Princeton University Press. El refuerzo intermitente (Skinner) como arquitectura de enganche, de las tragaperras al pull-to-refresh. ↩
  11. Hunt, M. G. et al. (2018): No More FOMO: Limiting Social Media Decreases Loneliness and Depression, Journal of Social and Clinical Psychology (Universidad de Pensilvania). ↩
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